domingo, 7 de agosto de 2011

ROCKY LOCKRIDGE DE ESTRELLA A ESTRELLADO

El Rocky que no tuvo un final feliz
 Rocky Lockridge, dos veces campeón del mundo del peso pluma en los 80, es un vagabundo en las calles de Nueva Jersey · Cayó en las drogas y el alcohol, contra las que combate hace 20 años
En la sexta entrega de la saga de Rocky, el ex boxeador, vacío y abatido, recibe la última oportunidad de subirse a un ring para volver a llenar una vida huérfana de su mujer, Adrian. Pero otro Rocky, éste de verdad, vio cómo su esposa se alejaba de un hombre que no supo vivir sin el boxeo fundiéndose todo lo que tenía, y no sólo el dinero, en drogas y alcohol.
No era un boxeador de vida desordenada: recibía clases de economía en la universidad
Rocky era una rara avis del boxeo de los 80. No era un sonado ni alguien de vida desordenada: la prensa destacaba cómo cuando fue campeón del mundo por primera vez, en 1984 (contra Roger Mayweather, padre de Floyd Meayweather), tomaba clases de economía en la Universidad William Paterson. La velocidad de sus puños también era mental. Su dura pegada no estaba reñida con pensar qué pasaría después de que acabara el boxeo.


Sin embargo, las drogas se cruzaron en su camino. Poco a poco abandonó la buena senda. Siguió haciendo grandes combates (defendió con éxito su corona dos veces y, tras perderla, la volvió a recuperar en 1987 para defenderla con éxito en otras dos ocasiones; el 1988 cayó contra Tony López, en la que fue elegida la pelea del año) .


Pero su vida iba cuesta abajo. Para cuando se retiró, en 1989, todo estaba perdido.
Rocky, en portada. Eran los buenos tiempos
Adrien dejó viudo a Rocky, pero Carolyn simplemente se fue del lado del otro Rocky. Madre de dos chicos, veía cómo su marido se hundía y no podía sacarlo de ahí: cansada de la mala vida, lo abandonó.
Fue la puntilla definitiva. A comienzos de los 90, con 33 años y sin blanca, intentó volver a boxear para costearse la cocaína, pero perdió los dos combates que hizo, como era lógico. Consiguió un trabajo en una fábrica de pintar barriles, pero no duró. Acabó en la cárcel a finales de los 90 y desde que salió, no ha vuelto a trabajar. Lleva 10 años de 'homeless'.
Comenzó una vida nómada, que dio con sus huesos en las calles de Camden, Nueva Jersey, donde esta semana los medios estadounidenses se han hecho eco de su historia. Sobrevive con los 140 dólares mensuales y los vales de comidas que le da el gobierno. Con 50 años, ha sufrido en la calle un ataque al corazón y camina con dificultad. Ni tiene un trabajo ni lo tendrá, aunque su antiguo entrenador, Lou Duva, dice al 'Star Ledger' de Nueva Jersey que le ofrece un trabajo como entrenador si está limpio. O eso dice.
Lejos de su mujer y sus hijos, sólo los vagabundos de Camden le llaman 'campeón'. No era tonto, ni un desarraigado, ni estaba loco. Era un boxeador listo y con miras al futuro. Aun así, todo se fue. Y si Rocky Balboa tenía la tumba de Adrian para hablarle y desahogarse, a Rocky Lockridge no le queda ni eso.






                                                                                                                                                                    TEXTO DE QUIQUE PEINADO

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